Protocolo Magallanes de Evaluación de TDAs con Niños o Adolescentes

    Los TDAs (trastornos por déficit de atención), todavía hoy en día simplificados con la denominación genérica de TDAH, constituyen el tema de moda debido a la confluencia de diversos factores no todos ellos bien intencionados. Sin embargo, habida cuenta de la existencia de un portal dedicado en exclusiva a estas cuestiones nos limitaremos aquí a exponer que, tal y como ya hemos comentado en otras ocasiones, el profesional médico al que se suele consultar este problema se limita a considerar algunos aspectos concretos del comportamiento del niño o adolescente y los que supone “efectos en su vida” por estos comportamientos; de este modo, considera que cumple los criterios suficientes para diagnosticar que “padece TDAH”.  Con este diagnóstico el médico ya no necesita saber más del paciente: ya puede prescribirle el consumo diario de psicoestimulantes [rubifén, concerta o medikinet] o antidepresivos [strattera o similar].

     El fundamento de esta farmacoterapia es suponer que, reduciéndose o desapareciendo los indicadores de la condición DAH, desaparecerán automáticamente los problemas escolares, familiares, sociales o personales del sujeto (lo que constituye la naturaleza del “trastorno”).

     Lamentablemente, la experiencia cotidiana demuestra que las cosas no suceden de acuerdo a esta secuencia, sino todo lo contrario. Tras comenzar a tomar la medicación psicoestimulante, los efectos reales de la misma y los placebos de anticipación de consecuencias, llevan a padres y maestros a un período de optimismo en el cual se cree ver mejorando todos los aspectos de la vida del menor.

     Sin embargo, a los pocos meses, la realidad se impone a los buenos deseos de unos y otros y se demuestra totalmente errónea la hipótesis del médico (a quien no se le suele informar de su “fracaso terapéutico”) y los problemas escolares, familiares, sociales y personales se mantienen o incluso llegan a empeorar por el desánimo y la desilusión producida. Además de haberse instaurado unos efectos secundarios indeseables: pérdida de apetito, reducción del peso, disminución del crecimiento, alteración del sueño y un grave riesgo de intento de suicidio (en el caso de strattera y otros antidepresivos) según el Informe de Seguimiento  a los 36 meses del MTA, Instituto nacional de Salud Mental de los Estados Unidos.

     ¿Cómo se explica esto?... De manera muy sencilla: los fármacos modifican el comportamiento, la ejecución de una persona, pero no ejercen ninguna influencia significativa para el cambio de la conducta, de las interacciones del niño o adolescente con el entorno en el que vive.

     La conducta se comprende, se explica, se predice y se modifica cuando se conocen los diversos factores o variables que forman parte de la misma: variables del individuo, variables del entorno y la historia vital, de aprendizajes, experiencias, de cada persona.

     Por ello, el profesional de la Psicología Conductual (obviamente no los psicoanalistas, guestaltistas, terapiafamiliaristas, rogerianos, cognitivistas, humanistas  y demás para-psicólogos) necesita llevar a cabo un proceso de VALORACIÓN  INDIVIDUAL  Y  CONTEXTUAL integral de cada paciente.

     Esto es, conjugando los planteamientos de dos importantísimos filósofos (Jacob R. Kantor y José Ortega y Gasset) considera al Hombre como una totalidad, no como suma indefinida de partes, sino como un “conjunto integrado” de actitudes, valores, habilidades, hábitos y experiencias. Y, al mismo tiempo, considerando al individuo dentro de y formando parte de un campo de interconducta (“el hombre es él y su circunstancia”, lo que le rodea…) procede a recoger información amplia, relevante y suficiente de diversas características que posee y lo identifican como un individuo único y diferente a todos los demás, a la vez que solicita información sobre el entorno en el que vive y en el que presenta sus dificultades.

          Este proceso de Valoración Individual y Contextual Integral se lleva a cabo mediante entrevistas con padres y maestros (en directo o no) y el uso de cuestionarios, inventarios escalas y tests psicológicos que especificamos a continuación. La selección cuidadosa de instrumentos válidos y fiables y su uso de acuerdo a una metodología que guía la interpretación de los resultados obtenidos se denomina PROTOCOLO MAGALLANES DE  EVALUACIÓN  DE  TDAS  EN NIÑOS o en ADOLESCENTES y se lleva a cabo por aquellos profesionales que han elegido este método como la forma de trabajo profesional óptima.  De los datos obtenidos en este Protocolo de Evaluación se elabora una hipótesis descriptiva de la situación concreta de trastorno que presenta el paciente y se pasa a la intervención psicológica adecuada. En el caso concreto del Grupo ALBOR-COHS los adultos con TDAs, en mayor o menor grado pueden beneficiarse del Programa NEFES: Niños Eficaces con Entrenamiento Sistemático.

Conozca los contenidos del Protocolo  

Para descargar los  Instrumentos que integran el Protocolo Magallanes de Evaluación de los TDAs en Niños...

Para descargar los  Instrumentos que integran el Protocolo Magallanes de Evaluación de los TDAs en Adolescentes...